Antes que un hecho meramente local, la reciente victoria de Jair Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas (y muy seguramente en la segunda) permite hacer una lectura de la actualidad política de la región. Cuando los países latinoamericanos lograron independizarse de España no pudieron afianzar una transformación social que pudiera, hacia el futuro, deshacerse de rémoras de la colonia como el racismo y la desigualdad. El tablero político post-independentista mantendría muchas semejanzas con el modelo anterior. Si bien el panorama político y social había cambiado, el mismo tendía a mantener rasgos coloniales. El lugar de la corona lo ocuparon las élites criollas, y las capas bajas de la sociedad mantuvieron su lugar subalterno. El último día del despotismo español se convirtió en el primero de los nuevos despotismos. 

Este mismo motivo histórico puede permitir comprender las transformaciones de la política latinoamericana a lo largo de la última década y media. Si las izquierdas progresistas celebraban hace poco menos de veinte años el logro de una “segunda independencia” respecto de la frontal injerencia estadounidense en los asuntos políticos de la región, así como de la aplicación de las férreas políticas neoliberales, aún hoy resuenan los ecos de la experiencia de la primera independencia. 

Santiago Torres Sierra

 

A una semana de la derrota de la consulta anticorrupción los análisis maniqueos se virilizan entre quienes creen que los corruptos ganaron y quienes ven en una consulta popular con alta participación un paraíso de cucaña. Pero adornar la derrota o hacer un berrinche político ante la incapacidad de los sectores subalternos de convertirse en poder, de nada sirve a menos que la derrota se tome por vocación y la correlación de fuerzas actual adormezca a quienes buscamos cambios estructurales en esta sociedad por la misma comodidad que da la marginalidad.

A propósito de los cien años de la Reforma Universitaria de Córdoba y de los cincuenta años de Mayo de 1968, presentamos a los lectores unas reflexiones acuciantes, que podríamos llamar los laberintos insolubles y las encrucijadas irresueltas de la universidad. En mayo de este año se conmemoran algunos sucesos que impactaron la vida universitaria del mundo, y no obstante su repercusión, al día de hoy, ni se evocan, ni son objeto de conmemoración, menos aún, nutren una forma de pensar diferente nuestro entorno académico-administrativo, cada vez más engullidos en un mundo cuya unidimensionalidad, para decirlo con Herbert Marcuse, viene aplastando la imaginación y la anticipación, valores esenciales de la creatividad universitaria.

Por:

Rafael Rubiano Muñoz

Profesor Titular

Facultad de Derecho y Ciencias Políticas.

Karl Marx, en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (1851), una de las obras de análisis de coyuntura política excepcional en la historia del pensamiento político moderno, da cuenta de varios asuntos, que para el caso colombiano en medio de la expectativa por la segunda vuelta para la elección presidencial,  son fundamentales a la hora de analizar lo que ha sucedido el 27 de mayo pasado y lo que vendrá. De un lado, indica que, para analizar un suceso político es obligatorio reflexionar sobre el pasado, esto es, vincular el acontecimiento político con la historia, lo que en últimas quiere decir que para lograr comprender un hecho político inmediato es imprescindible conectarlo con los múltiples procesos políticos del pasado.

Mauricio Calle Z.

Curiosamente entre septiembre y octubre del 2017, algunos periódicos de nuestro país, y, contra todo pronóstico el periódico el Colombiano de la ciudad de Medellín, incluiría en sus columnas de opinión la celebración del aniversario de por lo menos alguno de estos tres acontecimientos que revolucionaron la historia de la humanidad y del pensamiento occidental. Recordaban, o los 500 años de la reforma luterana, los 150 años de una obra excepcional como lo es El Capital de Karl Marx o los 100 años de la Revolución Rusa. Sin embargo, las columnas, tal como podrá apreciar el lector que desee confrontarlas, terminarían siendo vituperadas por su contenido, que al parecer de algunos nescientes colombianos de sana inteligencia, son el reflejo de que nuestro país va en dirección a las fosas del comunismo castro-chavista: una “categoría del miedo” que se ha popularizado en los últimos tiempos y que se ingeniaron nuestros amigos del sector más conspicuo de la dirigencia y banca colombiana.