Una paloma en tierra de nadie

Mauricio García

 Hace un año, como pocas veces había pasado en Colombia, el pueblo había sido reunido para empezar a decidir sobre su futuro en un plebiscito que hacía un llamado histórico con el compromiso social. Como ya sabemos, los resultados fueron absurdos. Con un margen de diferencia muy pequeño, y valga decir que también con una participación pírrica respecto a lo que se decidía, el resultado no fue favorable ante el llamado de la historia. Las condiciones ideológicas que apostaban a la guerra, al lucro personal y de ciertos sectores privados, como también de algunas convicciones absurdas, dieron cabida a algo que debió hacerse desde un principio, a saber, la firma de un tratado sin la consulta a las personas. Un país poco educado no puede decidir todavía por sí solo, más cuando la educación en su sentido no sólo institucional ha estado dirigida por unos intereses políticos y económicos.